Mario en San Francisco
Con mi portátil fui el rey del mambo toda la semana. Ya pude buscar universidades en Australia y Nueva Zelanda para estudiar inglés, postear en el blog, bajar música, pelis y los primeros capítulos de ls 2ª temporada de Heroes.
Pero no me quedé en el hostel toda la semana. El lunes por la tarde hice un walktour gratuito organizado por el hostel y la Henry George School, en la que David Giesen nos dió una clase de economía brutal, hablando de especulación inmobiliaria y el crack del sector. Incluso nos enseñó varias normas a cambir en el Monopoly para transformarlo en el Anti-Monopoly:
- Lots with houses/hotel collect only half of printed value
- Each time a player passes by her own property, she must pay the purchase price of the location to the other players, divided equallly amongst them
- The price of houses and hotes are Wages and as such must be paid in equal amounts to the other players
- Houses/Hotel may be put up on any property owned; there is no need to own complete color group
El martes me fui a ver I am a legend, de Will Smith, al iMax de la fourth st. Nunca había ido a un iMax y la verdad es que es una pasada. La peli tampoco vale mucho, pero entretiene. El miércoles con la mochila a la espalda cogí el BART hacía Palo Alto, donde visité enteriro el campus de Stanford. Ésta universidad si qu eme gustó, sobre todo por que hace más calorcillo con respecto a Harvard. En Bostón no me extraña que estudien bien, porque con el frío que hace. El caso es que después de entrar en un montón de edificios acabé en la biblioteca principal del campus, donde como anécdota estuve acompañando a Alfonso, un señor Peruano que tenía artritis, ayudándole en la búsqueda de un libro que había escrito una profesora de Stanford sobre el tema. Él había perdido el libro y quería recuperarlo porque las indicaciones que le daba el libro le venían muy bien para remitir los dolores. Fue toda una experiencia, ya no sólo por hacer de traductor, sino por alucinar con el montaje que tenían en la biblioteca.
Después de dejar a Alfonso y tomarme un café en la librería, volví a coger el tren hacia Mountain View. Sabía que el GooglePlex estaba en aquella ciudad, pero no tenía ni idea de aquí distancia de la parada del tren. El caso es que iba tranquilo, porque toda la ciudad tiene Wifi gratis, puesta por Google, con lo que abrí el GoogleMaps en el móvil y le dije que me llevara. Fue una caminata de 2 millas que mereció la pena aunque no puediera entrar en el edificio. Todos los curritos de Google saludándote imaginándose que yo era compañero. Alrededor del GooglePlex tienen un montón de edificios más, y en uno de ellos me encontré a un Richard Stallman de la vida, que me daba hasta vergüenza fotografiar. Pelo largo y barba enorme, gafas, mochila de portátil, iPod, barriga, pantalones cortos y calcetines blancos bien estirados para arriba. Todo un personaje que seguro estaba barrenando con una rutina para comprimir metadatos en dispositivos blablablabla. Al volver al tren ya era la hora de salida del trabajo, por lo que iba un montón de gente hacia San Francisco que trabaja en empresas tecnológicas, todos con sus identificadores de Apple, Google, etc.
Al día siguiente fui a visitar el MoMa, ya que los jueves entras a mitad de precio a partir de las 6 de la tarde. Fui con Marcus, un chico suizo que fue mi compañero de habitación toda la semana. A mi el tema del arte no me mata, pero había una exposición Take your time de Olafur Eliasson, que era chulísima. Lo que más me alucinó fue un rollo muy Matrix que tenía, en el que con un juego de espejos te asomabas por una ventana y te encontrabas en la fachada de un edificio infinito, donde un montón de Marios te miraban desde las ventanas del edifio.
Ya de viernes dediqué a caminar por San Francisco, subí a Chinatown, vi el cablecar museum, después a la Coit Tower, el Fishermans Warf y por último el barrio japonés. Lo que me espera en Japón. Y es que acabo de recordad que el día que fui al iMax, los cines tenían también sala de juegos. Que pena que no llevara la máquina de fotos. Vi a un japo jugar a una máquina de baile, y flipé del todo con la velocidad a la que se puede jugar a eso. A máximo nivel, con música super rallante, el tío enlazaba combos de 600 o 700 pasos perfect (pisaba justo en el momento indicado por la pantalla). Tenían también máquinas de guitarra y de batería. Bueno, ya probaré en Japón.
Bueno, tenéis alguna foto más en Flickr, que sino esto va a quedar muy lleno.
Ah!, y algún vídeo.
Leones Marinos
Música en el Fishermans Warf
Más música
El sábado por la noche me reecontré con Cande y Timo, y el domingo tomamos el vuelo a Hawaii, donde pasaríamos la nochebuena.

















